Educar con amor, educar para la paz

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No me gusta la tele e intento verla lo justo para mantenerme informada de lo que pasa en el mundo, y hace ya mucho tiempo que las noticias no son otras que muertos y más muertos. Y no es que nos mate nadie o por los desastres naturales, que también los hay, nos matamos entre nosotros. ¿En qué momento de la historia se perdió la humanidad o es que nunca ha existido? Nos llamamos humanos, pero no entendemos que es eso.

Y a pesar de ello creo que aún hay esperanza. Nuestros hijos son el futuro y ellos vivirán el mundo que creen, igual que nosotros. Los padres tenemos un importante trabajo que hacer aquí, enseñar a amarnos. Porque como decía Nelson Mandela “…si pueden aprender a odiar, también pueden aprender a amar”.

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Educar con amor, con respeto, enseñando que somos individuos con opiniones, creencias, pensamientos y sentimientos diferentes y que todos tenemos derecho a expresarnos libremente. Enseñarles que juntos nos enriquecemos y aprendemos a ser mejores. Y que una buena comunicación es la mejor herramienta para resolver problemas y conflictos.

¡Basta ya! De menospreciar a los que no hablan o escriben como nosotros queremos, o a los que piensan diferente. Basta ya de querer que el resto actue o haga lo que nosotros queramos. ¡Basta ya de tanta tontería! Tenemos un mundo maravilloso, todo para nosotros, aprendamos a vivir todos juntos y a disfrutar de la vida, porque, no sé cómo hemos aparecido aquí, pero seguro que no hemos venido a sufrir de este modo.

 

¿Educar o adiestrar? esa es la cuestión

 

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Mi sobrina ha empezado primaria este año y el otro día hablando con ella me decía que había tenido un examen cada día de la semana. Mi hermana me dijo que el jueves la niña le preguntó “¿mamá hoy podemos ir al parque a jugar?”, pero claro después de salir a las 18h de la extraescolar correspondiente, tenían que estudiar para preparar el examen y hacer los deberes del día, con lo que se plantaban en la hora de la ducha y la cena y ya se había terminado el día.

Igual es mi percepción y estoy equivocada, no lo sé, espero me ayudéis vosotros a salir de este mar de dudas. Pero de infantil a primaria, solo hay 3 meses de diferencia (el verano) y cuando empiezas primaria es como si, de repente, te encontraras en medio de una carrera de obstáculos, un entrenamiento militar, cuya base es cuando antes empiecen mejor, así si viene la guerra, ya están preparados.

¡Por Dios! Son solo niños, tienen toda una vida por delante para aprender (todavía estoy aprendiendo yo rozando los 40). Los adiestran ¿para qué? ¿Para obedecer? ¿para seguir una carrera que en la mayoría de los casos no sabes si es tu vocación? ¿para cumplir unas normas que muchas veces ni nosotros mismos somos capaces de cumplir?. No sería mejor si educáramos en lugar de adiestrar, si les enseñásemos a pensar, a cuestionarse el por qué de las cosas, a convertirse en personas responsables que saben lo que quieren, no a adquirir simples conocimientos que luego la mayoría se te olvidan porque no utilizas en tu vida     ( ¿o acaso vosotros utilizáis en vuestra vida diaria la raiz cuadrada o os preguntáis cada día qué río pasará por Cuenca?)

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No sé vosotros pero yo creo que algo tiene que empezar a cambiar. La revolución industrial hace ya mucho que pasó y los tiempos han evolucionado. No tenemos porque repetir patrones ni adiestrar niños automatizados que hagan lo que hacen todos porque es lo que hay que hacer y lo que siempre se ha hecho. Necesitamos personas que piensen por sí mismas, con iniciativa, emprendedores, creativos para vivir una vida plena elegida por ellos mismos.

Así quiero que vivan mis hijos

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No sé si es la mejor manera de reengancharse al blog, pero esto es lo que siento en estos momentos.

¿Conocéis esa sensación de estar orgullosa de formar parte de una gran familia? Yo sí.

He tenido este sentimiento durante años sin saberlo. Tenía una gran familia, de esas que se juntaban para comer y nos daban las tantas, de esas con las que no podías parar de reirte durante todo el día, de esas que cuando alguien decía “podríamos hacer…?”, el resto ya lo estábamos organizando. Una familia de esas que se ríen primero de sí mismos y luego con los demás (también hemos sido algo burlones). Nos encantaba reir, cantar, bailar, disfrazarnos… cualquier momento era bueno para hacerlo.

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Una de esas familias tan fuertes que piensas que no se pueden romper nunca. Y no se rompen, pero un año es suficiente para que las cosas se tuerzan. La vida no es para siempre. Algunos ya no están, otros están sufriendo… y yo repaso la película de mi vida, sentada en mi cama, recordando momentos maravillosos que ya no volverán. Momentos que viví intensamente, que disfruté, que reí… y me pregunto ¿cuándo dejé de hacerlo?

la vida es una fiesta

Y miro a la familia que he formado, mi familia, y mi pregunta es ¿cómo quiero que vivan ellos? ¿qué me gustaría que recordasen cuando fuesen mayores? La verdad, no sé que recordarán, pero me gustaría que cuando tuviesen esta sensación que tengo yo hoy, esta sensación de que la vida pasa y no es para siempre, echaran la vista atrás y se emocionaran al recordar la vida tan bonita que han vivido.

¡¡A mi gran familia, gracias por tantos y tantos momentos felices!!