52/s: en sus zapatos

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El otro día las chicas de siete pasos en su curso “Técnicas eficaces para padres” nos hicieron cerrar los ojos y recordar un momento triste y uno feliz de nuestra infancia. Curiosamente, el triste me fue super fácil encontrarlo. Me vi inmediatamente en la puerta de mi casa llorando desesperadamente, con una tristeza profunda, porque mi tía se iba a la playa con mi prima y yo no podía ir. Ahora puede parecer una tontería, ¿cómo responderíamos con una frase típica a esto? — “si no se puede, no se puede”.

Pero entonces fue un palo duro, yo con 5 añitos, estaba muerta de tristeza porque se iban a la playa y me dejaban… imaginaros que encima al meterte en casa mi madre empezara a regañarme por llorar (la verdad es que esa parte no la recordé, probablemente fue así, no lo sé). Pero, ¿no sería fuerte?

Si intentamos verlo como una película, seguramente diríamos pobre niña, si es que no tienen corazón, hacerla llorar de ese modo, ¿qué les costaría consolarla?… ¿no? En cambio, en la vida real, somos mucho más duros, más exigentes, no toleramos tonterías como estas, llorar por algo semejante, cómo si no hubiese cosas más importantes… Y esto que parece un ejemplo exagerado, pero que en su día paso… nos pasa día a día, con otro tipo de ejemplos. Lo que para nosotros no es más que algo sin importancia, para ellos puede significar el fin del mundo. Porque cada etapa tiene sus problemillas y sus cosas que luego con el tiempo no nos parecen tanto, pero que ahora son lo más.

Así que esta semana me he propuesto ponerme en sus zapatos, empatizar con ellos, ver más allá de lo que me están contando y sentir cómo se sienten… (la semana que viene os hablaré de algunas habilidades de ayuda que he aprendido para  estos momentos de crisis).

¿Qué me decís? ¿Os apuntáis? Si lo hacéis ya, me encantará conocer vuestros truquitos.

¡Qué tengáis un feliz fin de semana!

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52/s: me activo

 

Lamina-MeActivoEmpezamos la semana con nuevo propósito. El de escuchar de verdad es más difícil de lo que yo pensaba, pues estamos acostumbrados a escuchar para responder y eso nos lleva a dar nuestra opinión, a juzgar al otro… pero sale automáticamente. Pero al menos he tomado conciencia de ello y me iba dando cuenta de cuando estaba realmente escuchando y cuando simplemente oía o tenía más prisa por darle mi opinión que por saber de verdad que sentía. Lo sigo trabajando.

Esta semana me he propuesto otro reto diferente, y es que llevo unas semanas apática, sin ganas de hacer nada y no me gusta la forma en como afecta a los niños y tampoco me gusta verme así.

Así que me he propuesto activarme, de momento cambiando tan solo un pequeño hábito. Me he propuesto empezar el día con alegría y con buen pie. Para ello, esta mañana me he puesto el despertador media hora antes (6:30h), me he levantado, he practicado unos saludos al sol (yoga), he leído un poco mientras me tomaba mi té del desayuno y cuando se han levantado los peques como ya había tenido un tiempo para mí he estado más relajada y todo ha ido mejor, incluso hemos llegado antes al cole.

Voy a intentar levantarme todos los días a esa hora, no sé si lo conseguiré, porque no todas las noches duermo bien, pero creo que al final dará igual si son 30 o 10 minutos antes, lo realmente importante es tener algo de tiempo solo para mí y empezar el día con buen pie, sintiéndome bien.

Mañana voy a intentar poner música cuando se levanten los niños, a ver si además de activarnos nos vamos super felices al cole y salimos super contentos.

¿Hacéis algo de esto vosotros? ¿Tenéis alguna rutina que os active? Me encantará conocerla.

52s/ escuchar de verdad

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Empezamos nuevo año y la verdad es que este año lejos de hacer una larga lista de propósitos la mayoría de los cuales nunca llego a alcanzar, me he propuesto plantearme 1 reto semanal para mejorar mi actitud como mamá y cambiar mi forma de ver la vida.

Han sido unas navidades llenas de emociones dispares. He pasado de la alegría a la tristeza más profunda en solo unos segundos, y es que perder a un ser muy querido el primer día del año te da mucho que pensar.

Pero sobretodo lo que más me ha llamado la atención de todo esto es que me he encontrado con muchas personas que hablaban y hablaban sin parar de sus cosas, de su día, de su año, de sus fiestas… sin ver realmente que yo no estaba presente.

Y me parece mentira que los únicos que se daban cuenta realmente de como me sentía, y me escuchaban y me daban justo lo que necesitaba eran mis hijos, unos niños de 4 y 5 años, que cada día me preguntan si estoy triste todavía, si necesito un abrazo…

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No sé como se hace, pero esta semana me he propuesto escuchar de verdad. Fijarme en la expresión de la persona que tengo enfrente, escuchar lo que me tiene que decir… la mayoría de las veces escuchamos para responder. Esta semana voy a intentar escuchar para comprender.

¿Lo habéis intentado alguna vez? ¿Ya lo hacéis? ¿Tenéis algún truco que pueda ayudarme? Os apuntáis, si lo hacéis me encantará conocer vuestros truquillos.

Cómo hablar de la muerte con los niños

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Primer día del año 2016, me levanto tarde, estoy jugando con mi hija en la cama y de repente veo una llamada perdida y me da una mala corazonada. Cojo el teléfono, llamo y me espero lo peor. Mi tío, con quien he compartido tantos momentos de mi infancia y mi juventud, ha muerto. Doy un salto de la cama y estalló en lloros. Todo se me cae de las manos, no me lo quiero creer y justo detrás de mí estaba ella, mi niña de 5 años, sentada en la cama, asustada sin saber muy bien que me pasaba.

“¿Qué es la muerte?” — me preguntó. Y yo me quedé en blanco y me hice la misma pregunta, ¿qué es la muerte?.

Le dije que lo que moría era nuestro cuerpo porque envejece, pero que nuestra alma se iba al cielo. Ella me preguntó si allí seguíamos viviendo, si estaríamos juntos…

“Mamá, ¿tú te vas a morir? ¿cuándo? No quiero que te mueras. Yo tampoco quiero morirme”   — Yo le dije, “tienes toda una vida por delante cariño, tranquila, eres muy pequeña”.

Justo entonces, suena el teléfono otra vez, un mensaje del grupo del cole, una compañera de cole de mi hijo de 4 años había muerto esa misma noche.

“Mamá, ¿por qué se ha muerto E. si era pequeña?”– no tengo palabras, solo lágrimas. No sé qué contestarle. ¿Cómo se contesta esto? No estoy preparada, no me lo había planteado nunca. “No lo sé cariño” — le contesto — “no estaba bien en este mundo”

¿Qué se contesta en estos casos? ¿os ha pasado alguna vez? ¿cómo habéis reaccionado?

ba5800b064367d32dd9bcd5bab5a55bfCrees que nunca te va a pasar, que todavía está lejos el día en que alguno de los tuyos falte, pero la muerte nos sorprende cuando menos te lo esperas y no tiene consideración ninguna y deberíamos estar preparados si tenemos hijos pequeños para poder responder a sus preguntas y que no se asusten. Que la muerte no es el final, que hay otra forma de estar (o por lo menos eso es lo que quiero pensar yo, que todo esto no es para nada).